Mi nombre es Emil, soy de Polonia y siento un gran orgullo por mi país, tanto por su cultura como por su gente. Desde pequeño probé muchos deportes —fútbol, artes marciales o tenis de mesa—, pero mi verdadera pasión fue el enduro. Me fascinaba la adrenalina y, sobre todo, compartir esa experiencia con mi padre, que es mecánico y tiene su propio taller. Trabajé con él un verano y allí nació mi interés por la mecánica.
Mi padre y mi familia me enseñaron el valor del respeto, la honestidad y el trabajo duro. Gracias a ellos entendí que es mejor tener pocos amigos verdaderos que muchos en quienes no se puede confiar. También aprendí la importancia del esfuerzo trabajando como jardinero para mi padrino.
Creo que las dificultades nos enseñan a valorar los buenos momentos. La vida es corta y cada experiencia, incluso las más duras, tiene un propósito y nos ayuda a crecer.